A 10 años del levantamiento popular


Martes 20 de diciembre de 2011, 17.30 hs.
Movilización de Congreso a Plaza de Mayo


Por el camino del 20 de diciembre

El levantamiento popular del 19 y 20 de diciembre de 2001 significó un quiebre que abrió nuevas perspectivas para la lucha del pueblo trabajador. El reconocimiento de la propia fuerza, el saber que la lucha puede derribar gobiernos y definir agendas políticas se convirtió en una gran lección. En el marco de esas destacadas jornadas de lucha, en las que 39 compañeros cayeron peleando, se desarrollaron nuevos ámbitos de organización, se ocuparon algunas fábricas en quiebra y otros sitios que sirvieron para la organización, y las asambleas barriales y los movimientos sociales de distinto tipo se extendieron significativamente, abriéndole la puerta de la política a nuevos sectores populares.

La potencialidad de las luchas de 2001 se vio limitada por su carácter espontáneo y por la incapacidad de desarrollarla por canales orgánicos para una política de clase. Estaban ausentes la clase trabajadora organizada y los partidos u organizaciones revolucionarias que pudieran contribuir a orientar y, al mismo tiempo, nutrirse y fortalecerse a partir de estas experiencias de lucha. Pero el grado de enfrentamiento de amplios sectores populares con el régimen imperante era inmenso. Existía un abierto rechazo a los políticos peronistas y radicales y a las instituciones de gobierno. Por eso, los sectores dominantes volcaron todos sus recursos para intentar reconstituir la legitimidad de las instituciones democráticas y sus partidos. El PJ con la represión y los planes de Duhalde primero, y con el ascenso del matrimonio Kirchner después, encabezó la reorganización del sistema.

El kirchnerismo no se privó de reprimir, pero asumió, a su vez, una nueva política centrada en la cooptación y la apropiación de banderas y reclamos populares desde el estado y el gobierno, buscando el apoyo y la integración de importantes franjas críticas. Se apropió de reclamos históricos de los organismos de DDHH y el movimiento popular, como base para su propia recomposición. Esto le permitió al gobierno cooptar figuras y organismos de DDHH y a movimientos de desocupados, que fueron tentados con la caja de los planes a cambio de su integración a las filas oficiales. Así, la política kirchnerista podía volver a garantizar la estabilidad de la dinámica capitalista (dando “seguridad jurídica” al empresariado), reposicionar a los viejos y desprestigiados políticos y partidos burgueses en la dirección del país, reforzar el aparato burocrático de los sindicatos y reconstruir una red punteril con los viejos caudillos y los nuevos punteros que abandonaron los movimientos de lucha y se subordinaron a la lógica oficial. Fue la respuesta que la burguesía argentina encontró frente a la crisis y la lucha popular de 2001, para defender la permanencia del régimen de explotación actual, aprovechando las particulares condiciones de recuperación económica.

Pero mientras los sectores dominantes lograron retomar el control de la situación, viéndose obligados a dar algunas concesiones, el pueblo trabajador también sacó importantes balances para superar los límites de aquellas jornadas espontáneas, impulsando la organización independiente de la clase trabajadora. Así, en este período se forjó un nuevo activismo obrero antiburocrático que, aunque aún es incipiente, ha logrado imponer su agenda más de una vez en la arena nacional (Kraft, Ferrocarril Roca, Subte, Fate, Arcor, Hospital. Garrahan, Línea 60, y muchos otros). La existencia, en la actualidad, de toda una serie de seccionales, cuerpos de delegados, comisiones internas, listas y delegados antiburocráticos, es demostrativa de este avance, algo que necesitamos seguir desarrollando y que nos permitirá abordar otros momentos de crisis y convulsión social en mejores condiciones organizativas y con mayor perspectiva de avance. Y así se puso de relieve nuevamente el problema de la construcción de un partido revolucionario, como herramienta esencial que contribuya a dar una perspectiva revolucionaria a las luchas del pueblo trabajador, para que éstas no sean canalizadas en los marcos de la institucionalidad del sistema de explotación capitalista y abran la perspectiva de una transformación de fondo de la sociedad, acabando con la explotación y la opresión.

De esta forma, con el 2001 se abrió una agenda fundamental para los trabajadores, que aún está en proceso de desarrollo y que constituye las tareas centrales de la etapa actual: profundizar la organización y la lucha del activismo sindical independiente y avanzar paralelamente, junto a todos los militantes que asumen una perspectiva revolucionaria para la conquista del socialismo, en la construcción de un partido revolucionario de los trabajadores.

O.T.R.
Organización de Trabajadores Revolucionarios
20/12/11